jueves, febrero 26, 2004
Puntos cardinales.
A veces parece tan clara la ruta a seguir.
Al norte:
El derrapar de la caricia en la curva del pelo.
El copyright de las ideas de bombero.
La puerta giratoria del teatro de títeres de la memoria.
Las razones del fracaso.
El timbre del despertador en la meta de cada sueńo roto.
Al sur:
El tapón del frasco de olor a tierra mojada.
El alzheimer del mar en la orilla.
El baile de plástico y hojas secas entre los dedos de los pies.
El brote de las estaciones en el alquitrán del arcén.
La alfombra de musgo bajo el bulevar de los pasos perdidos.
A Levante:
La aduana y el precipicio.
La raya no tan recta en la coronilla del horizonte.
El tiralíneas de la cometa sombreando las aristas,
los bordes, las lindes, los espacios fronterizos.
Y el borrador de la niebla que desdibuja cualquier perfil.
A poniente:
El centro del laberinto de una huella dactilar.
La rabia extraviada en las uńas mordidas.
La alianza de bodas del divorciado.
La firmeza de la mano octogenaria en la palma adolescente.
El infarto en el dedo corazón.
Y sería tan fácil encontrar el camino de vuelta,
no habría más que seguir el rastro de migas de pan.
Sería tan fácil,
si la vieja rosa de los vientos no se empeńase en girar,
y girar,
y girar,
como una puta y desdentada
ruleta rusa.
desde Evasivas.
A veces parece tan clara la ruta a seguir.
Al norte:
El derrapar de la caricia en la curva del pelo.
El copyright de las ideas de bombero.
La puerta giratoria del teatro de títeres de la memoria.
Las razones del fracaso.
El timbre del despertador en la meta de cada sueńo roto.
Al sur:
El tapón del frasco de olor a tierra mojada.
El alzheimer del mar en la orilla.
El baile de plástico y hojas secas entre los dedos de los pies.
El brote de las estaciones en el alquitrán del arcén.
La alfombra de musgo bajo el bulevar de los pasos perdidos.
A Levante:
La aduana y el precipicio.
La raya no tan recta en la coronilla del horizonte.
El tiralíneas de la cometa sombreando las aristas,
los bordes, las lindes, los espacios fronterizos.
Y el borrador de la niebla que desdibuja cualquier perfil.
A poniente:
El centro del laberinto de una huella dactilar.
La rabia extraviada en las uńas mordidas.
La alianza de bodas del divorciado.
La firmeza de la mano octogenaria en la palma adolescente.
El infarto en el dedo corazón.
Y sería tan fácil encontrar el camino de vuelta,
no habría más que seguir el rastro de migas de pan.
Sería tan fácil,
si la vieja rosa de los vientos no se empeńase en girar,
y girar,
y girar,
como una puta y desdentada
ruleta rusa.
desde Evasivas.